Una mirada hacia los estereotipos tradicionales
- 26 abr 2018
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El Espai Jove Garcilaso, situado en el barrio de la Sagrera, Barcelona, organiza actividades grupales y talleres para crear espacios de reflexión con temáticas que principalmente tratan la diversidad sexual y los diferentes estereotipos que dicta la sociedad. Se trata de un evento orientado a un público adolescente que se realiza una vez al mes y que concreta las fechas desde la misma web de la plataforma.
"Estoy harta de que mis compañeros de clase metan conmigo y me lleguen a insultar porque me guste vestir como un chico o que mis gustos no sean iguales que los de otra chica. El problema es que acaban cosificando todo, nuestra forma de comportarnos, nuestro cuerpo... Y soy lo suficientemente libre para poder actuar dentro de la sociedad como a mí me apetezca. Yo no hago daño a nadie, al fin y al cabo. Ellos sí".
Los allí presentes en la sala se miraban impacientes para que la actividad a la que habían acudido comenzara lo antes posible. Daba igual que fuese un 23 de abril día de Sant Jordi. No importaban los diferentes complejos que estaban presentes en cada mente de unos jóvenes, que buscaban un período de reflexión alejado del juicio moral propio que suelen hacer las personas. Esta vez no serían señalados ni juzgados por nadie. Todos se habían enterado de la reunión que iba a acontecer mediante la web, aunque muchos de ellos ya se conocían de las veces que habían ido los meses anteriores: “Nosotros ya somos unos clásicos”, exclamaba con furor Iván, uno de los presentes.

Fachada de l'Espai Jove Garcilaso./ Juan Carlos Ayala
Alberto y Carlos, promotores y monitores, dieron paso a los jóvenes para que empezaran a interactuar entre ellos mediante una pregunta: “¿Alguien de aquí se ha sentido alguna vez oprimido por sus ideas?”. Con la intención de lograr un ambiente familiar, pidieron que todos nos sentáramos formando un círculo. Y empezó a hablar Tariq, un chico gay de 18 años de origen paquistaní. “Si se llegan a enterar cuando estaba en mi país que soy gay me hubieran lapidado. Lo estuve ocultando hasta que llegué a España porque tenia miedo. Un caso parecido de censura lo vi con mi hermana, ya que cuando llegó aquí estaba muy extrañada con la libertad que tenían las mujeres respecto a Paquistán”. su sonrisa satisfactoria se entremezclaba con una voz nerviosa, que dejaba entrever un pasado sufrido. Intermedió Judit, que quiso mencionar como los estereotipos que la sociedad marca a las mujeres le han influido: “Los medios y las agencias de publicidad son los mayores culpables de a las mujeres se nos cosifique tanto. Todos hemos visto los típicos anuncios sexistas donde la mujer sirve al hombre y aparece con un registro muy determinado”. Con lágrimas en los ojos y una expresión ostensible de rabia continuó: “Lo que no es normal es tener que escuchar hace un mes mientras iba camino a casa de noche cómo 4 tíos se me insinúan por la calle y cuando yo les digo que paren digan que sea una amargada y que solo me estaban alabando. No lo aguanto”.

Actividad grupal dentro del recinto./ Juan Carlos Ayala
Fue una jornada donde la tolerancia al colectivo LGTBI y la cosificación de la mujer fueron la tónica principal de la conversación. Alberto explicó cómo hay que evitar caer en estereotipos que se traducen en “postureo”. “Está claro que no podemos dejar de ver la televisión ni mirar las noticias. El otro día vi en un conocido periódico español dos versiones de una noticia. Una decía: “Mujer asesinada en Burgos”. Y otra: “Una mujer asesina a su marido”. Mientras a la mujer las matan solas, la ironía es que al marido sí que le mata la mujer. Por ello, el monitor exclamó: “Los únicos que podemos cambiar esto somos nosotros”.
El momento emotivo surgió con el sollozo de Selena, al decir que su madre no le aceptaba como hija por declararse lesbiana. “Siempre había intentado que me gustarán las cosas que le gustan a las chicas. Pero no, a mí desde siempre me gustaba el fútbol y no las muñecas. Y mi madre siempre sospechó, pero fue el otro día cuando se lo conté y…"
La actividad grupal terminó después de dos intensas horas y cuando uno de los monitores me preguntó que me había parecido todo yo simplemente pude esbozar un sincero: “Me ha flipado, pero de verdad”. No es sencillo encontrar un lugar donde se expongan los problemas y los tabús y se intenten arreglar. Abundan los lugares tóxicos y las envidias, en vez de la tolerancia a todo lo plural y diverso.



























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